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Mil hígados para mil vidas

Mil hígados para mil vidas

El hospital coruñés ha marcado un hito al alcanzar este año el millar de trasplantes hepáticos. La intervención suele realizarse cuando el pronóstico de la enfermedad es peor que la supervivencia prevista.

Marta Pérez, M. O. 13 de diciembre de 2015. Actualizado a las 09:53 h.

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«Somos el país donde más donantes hay y, aún así, no cubrimos todas las necesidades. En Galicia estamos al nivel de la media española». Son las palabras del director del programa de trasplante hepático del Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña (CHUAC), Manolo Gómez. El hospital coruñés ha realizado recientemente el trasplante hepático número mil a M.P, un gallego que ahora presume de tener hígado nuevo.

El donante que le ofertaron a M.P era de Asturias. El día de la intervención el tiempo no les acompañó y tuvieron que transportar el órgano en coche, aunque en muchos casos se recurre al avión. «Una vez que se ha extraído el hígado del donante puede aguantar hasta nueve horas, pero cuanto menos tiempo se tarde en realizar la intervención, mejor», añade Manolo Gómez que señala que, a pesar de las circunstancias, el proceso «se coordinó muy bien».

A la hora de hacer un trasplante es necesario que el receptor cumpla varios requisitos, entre ellos, la compatibilidad en el grupo sanguíneo. En el caso de M.P, no hubo que realizar una transfusión de sangre porque el proceso fue bien. Los expertos recuerdan que no todos los casos que lo requieren pueden ser intervenidos. Los pacientes deben ser capaces de tolerar la operación. El límite de edad es de 70 años, una edad muy avanzada para una intervención tan agresiva.

«El trasplante hepático suele realizarse cuando el pronóstico es peor que la supervivencia que le ofertamos por el órgano», comenta Gómez. En algunos casos de enfermedades como cánceres localizados en el hígado y con características especiales se puede realizar esta operación, aunque la patología más frecuente por la que se realizan los trasplantes es la hepatitis, especialmente, la de tipo C que, a largo plazo, produce cirrosis.

«Hasta ahora éramos muy restrictivos con la hepatitis porque sabíamos que, debido al virus, los enfermos iban a desarrollar una hepatitis nueva en el organismo» con el tiempo, explica Gómez, que incide en que los pacientes tenían que ser lo «suficientemente fuertes para soportar la nueva hepatitis que iban a padecer».

Visto así, parece no tener mucho sentido el trasplante. Entonces, ¿por qué hacerlo? «Porque aún así viven más».

Sin embargo, con los nuevos medicamentos que se han aplicado este año los facultativos ya son capaces de curar la hepatitis C y, teóricamente, los pacientes afectados ya no tendrán ese problema. Es cierto que en la actualidad estos fármacos también funcionan sin necesidad de hacer el trasplante, pero hay un sector de la población que «lleva muchos años con la enfermedad y. aunque se libren del virus, no se va a curar la cirrosis por eso es recomendable realizar el trasplante», dice Gómez, que aporta unos datos sorprendentes: «Cuando haces la serología viral a los donantes que son teóricamente sanos, puedes observar que el 3% tiene el virus sin saberlo».

El proceso

Una vez que el paciente ha pasado por el quirófano, le dan la bienvenida en la sala de reanimación. Aquí suelen estar, de media, unos tres o cuatro días a la espera de que el proceso evolucione favorablemente. «En las primeras 24 horas vamos a saber si el hígado funciona o no», explica la Dra. Alejandra Otero de Digestivo, que señala que, en los casos en los que no hay compatibilidad con el órgano, se solicita uno nuevo «que viene con prioridad porque los hígados que fallan tienen urgencia nacional. También es cierto que estos casos son muy contados».

El servicio de Digestivo consta de una unidad del trasplante a la que llegan todos los pacientes que han pasado por quirófano. Una vez que llegan a la planta, los enfermos suelen estar ingresados unos 14 o 15 días de media, aunque ha habido algún caso al que se ha podido dar el alta pasados unos diez días desde la intervención.

Los expertos aseguran que el trasplante de hígado no es una intervención a la que haya que tenerle miedo. Es muy agresiva, sí, pero el trasplante de hígado también «es muy agradecido». Y la mayoría de los operados puede retomar su vida con normalidad. La única restricción que se les impone a los pacientes trasplantados es que no pueden beber alcohol. ¿Ni siquiera una caña fresquita en una terraza en verano? Cerveza sí pero sin alcohol. Por lo que se refiere al resto de la dieta, no hay restricciones. Pueden tomar paté, cigalas, jamón... Ninguno de estos manjares les afecta.

«No hay limitaciones salvo que tengan diabetes o que sean hipertensos. Por el hígado no hay prohibiciones con la comida», añade la doctora Otero, que destaca la buena calidad de vida de los pacientes trasplantados: «Pueden volver a trabajar, si quieren, y hacer una vida completamente normal».

En Galicia, solo los hospitales de A Coruña y Santiago de Compostela realizan este tipo de intervención. «Santiago ya debe de estar también cerca de los 1.000 trasplantes», añade Otero, que incide que la inversión que supone la operación debe de compensar en cuánto al número de pacientes: «Por comunidades esto está estudiado, y hay un número determinado de centros que lo realizan».

Galicia es la comunidad donde más trasplantes de este tipo se llevan a cabo en relación a población y España es la que más trasplantes hace del mundo. «La relación está más que clara», añade el doctor Gómez que recuerda que, junto a la comunidad gallega, Murcia también está a la vanguardia.

¿Y qué supone el trasplante número 1.000 para el equipo del Chuac? ¿Es solo un número más? «Es un orgullo y una alegría, porque somos el primer equipo que empezó y eso es una clara señal de madurez. Lo que es obvio es que si se pueden realizar mil trasplantes hepáticos con buenos resultados es porque la calidad del hospital de A Coruña es indiscutiblemente muy buena y, en ese aspecto, no podemos estar más contentos», concluye el doctor Gómez.

De esto sí podemos presumir como galegos.

El CHUAC alcanta los 1000 trasplantes hepáticos

El Chuac alcanza la madurez en el trasplante hepático al llegar a los 1.000

El paciente, un varón de 40 años, recibió un hígado de un fallecido en Asturias

Dolores Vázquez. A Coruña / la voz, 01 de diciembre de 2015. Actualizado a las 05:00 h.

«Es un hito, demuestra el trabajo y es un dato de madurez del hospital, son 21 años y es un mérito», así explicaba el doctor Manuel Gómez Gutiérrez, director del Programa de Trasplante Hepático y Pancreático del Hospital A Coruña el que este fin de semana el complejo haya alcanzado su trasplante hepático número 1.000.

El paciente, un gallego de 40 años que llevaba varios meses en lista de espera, evoluciona bien de la intervención que se realizó la madrugada del viernes al sábado gracias a una donación en Asturias. Si bien la cifra redonda es la que predomina en el balance, en el Chuac llevan este año realizadas 53 intervenciones similares. «Sigue siendo una operación complicada y compleja, pero se coge experiencia y va saliendo mejor, pero no es banal», puntualiza Gómez Gutiérrez sobre este tipo de operaciones en las que, como ocurrió el viernes, se movilizan tres cirujanos, dos anestesistas y cuatro enfermeras y en la que participan otros servicios como el digestivo, radiología, Oficina de Coordinación de Trasplantes, anatomía, laboratorio y banco de sangre. Aunque en este caso, la operación 1.000 resultó tan bien, que el paciente ni tan siquiera requirió una transfusión.

Donaciones

El director del Programa de Trasplante Hepático reconoce que lo que limita la frecuencia y el número de este tipo de trasplantes son las donaciones. «El problema es conseguir órganos», dice al mismo tiempo que resalta que también es importante formar a equipos que permitan ejecutarlas. «La tecnología es compleja y hay que conseguir gente», explica, más teniendo en cuenta la disponibilidad que requieren buena parte de las intervenciones.

En el Chuac, en estos momentos, la lista de espera para trasplante hepático es de 30 pacientes. «Es un número muy alto y hay que acortarlo como sea», insiste Gómez Gutiérrez, que asegura que siguen optando por órganos de fallecidos para evitar riesgos a los donantes vivos, que solo se barajan como posibilidad en caso de niños o ante la escasez de órganos. Este especialista apunta que aunque la mayor parte de los enfermos llegan por problemas derivados de una cirrosis o una hepatitis C, la nueva medicación en este campo supondrá toda una «revolución».

«Teño 21 anos, son un chaval»

Segundo Pardo lo tiene claro. «Salvoume a vida», dice de su trasplante. Este abogado ya jubilado tiene 75 años, pero él hace otras cuentas desde la operación que le permitió seguir viviendo. «Teño 21 anos, son un chaval», asegura recalcando que la operación cambió su currículo vital, aunque después admite que «os anos agora non perdoan, pero a operación deume outra visión». En su caso, fue el virus de la hepatitis C el que le obligó a pasar por la mesa del quirófano tras un año que recuerda como «terrible» y en el que llegó a quedar en los huesos. «Estaba desfeito», reconoce y no se cansa de alabar el trabajo de todo el personal médico implicado en este tipo de intervenciones, así como de su familia como apoyo. Estos días está con revisiones y no duda en destacar los avances que se han llevado a cabo en estos años con los medicamentos antirretrovirales para combatir la enfermedad. Pardo no solo es uno de los primeros trasplantados de hígado en la residencia coruñesa sino que desde esta posición se implicó en asesorar, aconsejar y ayudar a las personas que pasan por ese trance. Lo hace desde la Asociación de Trasplantados Hepáticos (Athega), que fundó en 1996, preside y desde la que hace hincapié en la necesidad de que se respalden las donaciones para que otros enfermos tengan la oportunidad de poder retomar su vida.